La liberación comercial del trigo genéticamente modificado HB4 generó un fuerte debate entre varios sectores económicos de nuestro país, por un lado, los productores quienes son los que desde el campo hacen posible su cultivo. Y por otro, el sector comercial encabezado por las empresas gastronómicas.
Ahora, toda la atención está puesta en el trigo HB4, que para muchos países es considerado como una de las más recientes tecnologías que le permite al trigo tolerar sequías. Este descubrimiento tecnológico nace como bien se explica en la página «Generación HB4» gracias a investigaciones realizadas por el CONICET.
Sin embargo, no todos comparten ese parecer pues existen muchos portales, organizaciones y personalidades que sostienen que el trigo HB4 podría representar un peligro para el ser humano, debido a su alto nivel de toxicidad del glufosinato. Incluso existe prohibición de uso en algunos países.
El debate se afianzó luego que la versión de “peligrosidad” fue desacreditada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería que sostiene que la afirmación de que el trigo cultivado contendrá residuos de glufosinato de amonio «no tiene ningún asidero». De igual manera, desde la Unión de Gremios de la Producción (UGP) afirmaron que la liberación no se refiere al uso, sí al estudio e investigación, cuya reglamentación para uso comercial aún tendrá su proceso y que llevaría varios años.
Esta situación nos recuerda al inicio de la pandemia del COVID 19, cuando era tan poca la información, que sólo había miedo, desconfianza y caos. Vemos una ignorancia total a consecuencia de la poca información que trasciende.
El nivel de desinformación en los consumidores es un factor fundamental en este ámbito y debe ser manejado correctamente, puesto que, al no tener una base conceptual clara, produce que los consumidores tiendan a realizar asociaciones incorrectas o permite ambigüedades sobre el real significado del tema.


