La narrativa de la industrialización en Paraguay se convirtió en una necesidad competitiva, especialmente frente a un contexto regional donde el MERCOSUR exige eficiencia y previsibilidad. En este escenario, el anuncio del Ministerio de Industria y Comercio (MIC) junto a los gremios empresariales sobre la creación de un Mapa Industrial Nacional es, sin duda, un paso en la dirección correcta para identificar las zonas con mayor potencial productivo.
Es un acierto estratégico que el diseño de este mapa no nazca exclusivamente de una oficina estatal. Involucrar a los gremios, quienes gestionan el riesgo y conocen las arterias logísticas del país garantiza que el plan no sea una construcción teórica, sino una herramienta basada en los puntos clave que vuelven a Paraguay un destino atractivo para la inversión. Nadie conoce mejor el territorio que quien ya está operando en él.
El mayor obstáculo histórico del Paraguay no fue la falta de ideas sino la falta de continuidad. Estamos ante el agotamiento de un modelo de gestión que “reinicia el país” cada cinco años. La industrialización planificada no puede estar sujeta a calendarios electorales.
La propuesta del Mapa Industrial debe elevarse al rango de Política de Estado. Si el plan desaparece con el cambio de administración, seguiremos sumidos en la improvisación que nos ha retrasado frente a nuestros vecinos.
El Mapa Industrial es la brújula necesaria para dejar de reaccionar y empezar a accionar. Ahora, el compromiso debe ser que este camino trazado no tenga vuelta atrás, independientemente de quién ocupe el sillón presidencial.


