Si el trabajo le insumía más tiempo de lo normal, ella se lo quitaba de los hijos; si aparecían problemas, ella dejaba de prestarle atención al marido. Las personas que ella amaba, así, siempre eran dejadas en segundo plano, para después. Su padre, un hombre muy sabio, cierto día le dio como regalo una rara y muy cara flor, de la cual solo había un ejemplar en todo el mundo. Al entregársela le dijo:
“Hija querida, esta flor te va a ayudar mucho, más de lo que te puedas imaginar; tan solo tendrás que regarla, de vez en cuando podarla y, algunas veces conversar un poco con ella; ella a cambio te dará ese perfume maravilloso y maravillosas flores”.

La joven quedó muy emocionada, a fin de cuentas, la flor era de una belleza sin igual.
Pero, con el correr del tiempo, surgieron problemas, nuevamente las cuestiones de trabajo le consumían casi todo su tiempo y otra vez su vida se hizo confusa, con lo que no le permitía cuidar de la flor. Al llegar a su casa, ella miraba a la flor y las flores que todavía estaban allí, sin mostrar señal de deterioro o muerte; apenas estaban allá, con su perfume y lindas. Con esto, ella pasaba de largo… Hasta que llegó el día en que, sin más ni menos, la flor murió. Al llegar a su casa, ella se sorprendió y asustó. Su raíz estaba reseca, sus flores caídas y sus hojas amarillas; definitivamente estaba muerta.
La joven lloró mucho y, con tristeza, le contó a su padre lo que había ocurrido. Mirándola, su padre le respondió:

“Yo me imaginaba que eso podría ocurrir y, lamentablemente, no te puedo dar otra, porque ella era única, no existe otra flor igual a esa. Al igual que tus hijos, tu marido y la familia, son todas bendiciones que el Señor te dio, pero tú tienes que aprender a darles atención, a regarlos y podarlos, pues, al igual que la flor, los sentimientos también mueren… Siempre veías la flor allí, florida y perfumada; te conformaste con eso y acostumbraste; pero te olvidaste de cuidarla.
Hija mía; ¡Cuida a las personas que amas!… Acuérdate siempre de la flor, las bendiciones del Señor son como ella, Él nos las da, pero es responsabilidad de nosotros de cuidarlas”.


