Apostar por la siembra directa en Paraguay

En pleno Siglo XXI, el arribo de las nuevas tecnologías permite que el desarrollo agrícola sea cada vez más eficiente. Los sistemas de precisión garantizan altos rendimientos, sin embargo, esto debe ir acompañado del manejo sostenible del recurso suelo, para que el potencial genético de cada semilla pueda notarse cada vez mejor. Así, las biotecnologías cumplen con el cometido de tan altas inversiones de las multinacionales, gracias a la combinación de buenas prácticas agrícolas, entre ellas, la siembra directa, destinada a ser una de las más utilizadas con alto énfasis en la lucha contra los efectos del cambio climático.
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El sistema de siembra directa tiene principios muy claros, según comentó el ingeniero agrónomo Martín Cubilla, presidente de la Federación Paraguaya de Siembra Directa. “La no remoción del suelo, la cobertura permanente y la rotación de cultivos. En el 90% de la producción nacional tenemos dos de esos principios. En algunos casos, por lo menos, uno de ellos”, manifestó.

Respecto al Sistema de Siembra Directa (SSD), el profesional destacó que con la aplicación de esta tecnología en los campos se logra el verdadero secuestro de carbono, lo cual es muy benéfico con miras a enfrentar los efectos nocivos del cambio climático. A criterio de Cubilla, Paraguay está muy bien en la práctica pero puede estar mejor.

“Tenemos áreas cubiertas. El problema de la erosión fue solucionado, pero necesitamos aumentar los tenores de materia orgánica, aumentar el carbono, aumentar la fertilidad de los suelos y mantenerla; diversificar y aumentar la sanidad de los suelos con la vida que da este sistema”, refirió.

ALTIBAJOS

El titular de esta gremio explicó que nuestro país venía muy bien con el uso del SSD, pero en el año 2014 bajó al 70% su aplicación. Pero para conocer el impacto verdadero en los suelos, habrá que mirar la parte económica.

“Solo en soja, estamos hablando de 2.700 kg por hectárea y vemos que productores que adoptan el sistema sacan 5.500 a 6.000 kg de la oleaginosa en la misma superficie. Aunque habrá que considerar que

dichos agricultores trabajan hace 30 años con el sistema”, mencionó Cubilla.

Argumentó que lo positivo del sistema es que en épocas críticas donde hay falta de agua, se nota demasiado su uso. Durante temporadas de baja en precipitaciones, el SSD logra rendimiento 60% superior que un sistema convencional, con poca cobertura o de monocultivo. “Si aumentamos el rendimiento en 2 toneladas por hectáreas, llegaríamos a 16 millones de toneladas de soja, solo con practicar la siembra directa. Esto representa el gran salto”, puntualizó.

LA SIEMBRA DIRECTA, UNA

GARANTÍA PARA EL PRODUCTOR

La soja necesita 500 mm de lluvia para producir y el maíz 700 mm. El sistema de siembra directa, como tal, ahorra 25% a 35% del agua. Esto quiere decir que conserva este recurso caído del cielo. Significa que alrededor 200 mm de agua puede conservarse con el SSD.

Por ende, la recomendación de Cubilla es: “tenemos que tener mucha conciencia de diversificar y aumentar nuestra cobertura; mejorar el sistema radicular. Tenemos que trabajar seriamente, ya que esta tecnología requiere de mucho trabajo y mucho conocimiento”.

El especialista expresó que, para que el suelo esté rico en nutrientes, deberá recibir la adición de elementos necesarios, carbono, por ejemplo, que se factibiliza con la introducción de materia orgánica. “Retribuir al suelo en momentos de sequía, genera grandes ventajas”, apuntó.

CUÁNDO Y CÓMO APLICAR EL

SISTEMA DE SIEMBRA DIRECTA

“Lo primero que tenemos que hacer es un análisis de suelo y propiciar las correcciones de PH y de fósforo en la Región Oriental; descarificar si está compactado. Se puede empezar con un maíz o una soja, pero lo ideal sería empezar con un cultivo que tenga un sistema radicular agresivo para comenzar a estructurar ese suelo. Podrían ser las braquiarias, incluso la avena, el aceven, centeno, triticale, nabo forrajero, entre otros. Hay un sinnúmero de abonos verdes”, comentó Cubilla.

Con la incorporación de estas plantas en el suelo es posible acondicionarlo para beneficio del cultivo comercial.

Los ciclos pueden ser: cultivo de invierno, seguido de soja, maíz zafriña; luego crotalarias y braquiarias (sistemas de cobertura). La necesidad mínima de materia seca por hectárea es de ocho a diez toneladas, teniendo en cuenta el clima de Paraguay y su equilibrio en cuanto a carbono. “La vida tiene que estar ciclando constantemente en el suelo”.

EL SUELO NUNCA DEBE ESTAR DESCUBIERTO

Cuanto mayor sea la diversificación de cultivos por hectárea, mejor. Si el productor se preocupa en el suelo, en protegerlo con un colchón vegetal, menor será la inversión a mediano y largo plazo, incluso en sistemas de riego.

Es extremadamente importante que esas ventanas, entre cultivo y cultivo, no estén descubiertas. El trigo puede usarse en invierno, que aporta muy buena cobertura después de cosecharse.

EJEMPLOS QUE AYUDAN A SEGUIR

De acuerdo a la experiencia con dos cultivos, una con cobertura y otra sin cobertura, la diferencia de rendimiento fue de 1.500 kilogramos por hectárea en beneficio del primero. Esto, si lo multiplicamos por una mayor cantidad de superficie, sumado al valor de la oleaginosa a nivel internacional, resulta más que interesante.

El ingeniero Cubilla comentó que al segundo y tercer año, ya es posible notar la diferencia de productividad. “La cobertura de suelo disminuye el impacto de las gotas, conserva la humedad, y favorece a una infiltración en el suelo más lenta; asimismo, la temperatura disminuye y da mejores condiciones”.

ÚTIL TAMBIÉN PARA PEQUEÑAS SUPERFICIES

Desde la Federación de Siembra Directa resaltaron que en pequeñas áreas también se tiene experiencias enriquecedoras. Algunos ejemplos son en poroto y mandioca sin remoción del suelo. “No incorporar la cobertura sino enrolar y dejar como un colchón de materia orgánica es la misión. La rentabilidad se va a notar ni bien empiece a utilizar esas especies vegetales”.

ABONOS VERDES COMO INVERSIÓN

El problema es que la gente piensa que las semillas de abonos verdes son caras y por eso no se quieren usar. Esto al menos representa un

tabú. Lo caro es no conocer cómo usar y cuánto repercute en los costos de producción.

“Cuando hablamos de una asociación de cultivos que antecede a la soja, pero que no son de renta, favorece un rendimiento muy superior”, explicó Cubilla. Utilizar avena y nabo tampoco resulta oneroso. Evidentemente representa un costo de inversión, pero que es solventado de sobra con el rendimiento que tendrá la oleaginosa en el futuro. Ese número es el que se tiene que saber.

La inversión en abonos verdes ronda los 50 y 60 dólares por hectárea. Esto aporta beneficios en materia de estructura del suelo y generación de carbono. “Si existe incorporación de carbono en el sistema, vamos a tener excelente resultados, además de menos uso de fertilizantes, insecticidas, fungicidas y herbicidas. La utilización de plantas de cobertura, ayuda a utilizar menos nitrógeno para el maíz, trigo y sorgo que son exigentes. El uso de abonos verdes implica menor gasto en urea, por ejemplo.

Finalmente, el uso de SSD se traduce en una agricultura sustentable, por ser técnicamente correcto en su aspecto social y económico.

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