Esa actitud diaria llamada aventura

La energía del amor y del miedo son dos energías que danzan juntas en nuestro interior. Una es brillante y liviana, mientras que la otra es densa y pesada. Ambas están en movimiento permanente, se unen, separan y vuelven a unirse nuevamente; se entrelazan, y en ese plano, con el amor sentimos que volamos, con el miedo nos vemos atrapados. Cuando hay amor, hay orden; y, si hay miedo, todo se desordena.

Cuando en nuestro corazón algo no se siente bien, cuando algo no se ve bien, debemos detenernos, tomarnos un tiempo y observar en torno a cuál energía estamos girando. Si estamos en la energía del amor, esas personas que están atormentadas nos despertarán compasión; mientras que, si estamos alrededor de la energía del miedo, todo temeremos, aun estando en lugares bellos y bien ordenados.

Para bien o para mal, ninguna situación que nos provoca malestar, nunca es el lugar, ni tampoco el otro. La raíz de todo es la energía que estamos usando. De nosotros depende el usarla para bien o para mal, debemos decidir y luego aceptar esa nueva competencia.

Si, por esos avatares de la vida, esta se nos ha convertido en una lucha, en vez de ser una aventura emocionante, canalicemos la buena energía y tomemos la decisión de cambiar nuestra perspectiva. Comencemos a ver y a apreciar la aventura gozosa que ha estado aguardándonos todo el tiempo. Así, si lo hacemos, un mundo de posibilidades aparecerá en nuestro horizonte. Rompamos con las condiciones limitantes y afiancemos una nueva manera de vida para nosotros.

Que nuestra vida real y espiritual la podamos vivir con humildad y naturalidad. Que la confianza en nosotros mismos sea verdadera y no dependa de gritos fervientes y palabras al respecto, pero sí para vivirla plenamente. Que no nos sea necesario proclamar, ni insistir para demostrar o poner notas en los diarios. Que nuestra forma de vida habla de nosotros, de nuestro sentir, de nuestro ser y, así, todos se darán cuenta de que somos personas sanas y que nuestras actitudes manifiestan mejor que nuestras palabras.

Cuando una persona se inicia en el buceo, experimenta temor ante lo que resulta desconocido, busca y se esfuerza por mantener fuera del agua el tubo que utiliza para respirar. Pero, al mirar hacia el fondo del océano, se olvida de los temores, de la superficie y, ante una perspectiva totalmente diferente, queda fascinada… ¡Cambiar la perspectiva! Tomemos la decisión correcta y rompamos con esas condiciones que nos limitan.
Que éste sea el primer día, de otros tantos a futuro, de una nueva aventura, y afirmemos una nueva manera de vida para nosotros.

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un abrazo, y mi deseo que Dios te bendiga, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha Prosperidad.
Claudio Valerio
®. Valerius

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