En casa de herrero -sin pasión- cuchillo de palo

De chico siempre escuché la frase “en casa de herrero cuchillo de palo”. En mi entender, la referencia era simple: si te dedicas a una profesión, probablemente no apliques tus conocimientos a tu vida/entorno personal.

MSc. Ing. W. Alejandro Núñez

CEO Smart Soil Py S.A.

Miembro del Centro de Desarrollo e Innovación Tecnológica (CEDIT)

ale.nubri@gmail.com

Fui a un conversatorio con otros emprendedores sobre la cultura emprendedora encarnacena. Debido a la intensa lluvia solo estábamos 7 personas, lo cual hizo que el ambiente fuera mucho más ameno y personal que en otras reuniones. Convergimos una consultora, un ex bancario que ahora se dedica a la gastronomía, una representante de seguros, una vendedora de lencería, dos estudiantes de ingeniería comercial que quieren emprender y yo, alguien que se siente un extranjero en su propia ciudad.

Comenzaron las preguntas del conversatorio y pasamos a hablar acerca de la cultura en las empresas. Que sí, que si es necesario tener un horario de entrada y salida; que no, que las personas que atienden a los clientes no deberían consumir mate o tereré en su escritorio porque es poco profesional. Que tener horarios fijos es más eficiente y que los creativos tienden (tendemos) a ser más productivos por la tarde/noche.

Entre idas y vueltas, trajimos a colación la razón de nuestro trabajo: la motivación. Recordé dos experiencias de cuando me desempeñaba como ingeniero civil para dos empresas muy distintas. En una, el ambiente laboral era impecable, tenía jefes, que más que jefes eran compañeros de trabajo. Me enseñaban con el ejemplo, me guiaban si veían que estaba estancado con algún problema de la obra, y me aconsejaban sobre cómo manejar ciertas situaciones. Yo sentía que podía conversar con ellos de todo lo que acontecía en el día laboral y era recompensado monetariamente por ello. En la otra empresa, la experiencia fue menos enriquecedora y más “real world”. Como mi trabajo era en una obra en construcción, solo iba a la oficina para llevar informes de avances o cobrar mis honorarios. Odiaba tener que ir porque siempre era recibido con los chismes de la semana, y siempre era despotricar contra el jefe o algún que otro empleado. Cada inconveniente que yo no podía resolver era dilatado por mis jefes y argumentos como no es mi problema eran el pan de cada día. Todos se odiaban allí dentro, pero a la hora de las “reuniones de equipo” todos se ponían la careta. Como definió uno de los presentes en la reunión, la gente tóxica siempre está presente.

En ambas empresas, aunque fueron experiencias muy distintas, sentía un vacío. No comprendía muy bien las razones de mi falta de ánimo a la hora de trabajar en ese rubro. Ganaba bien y adquiría experiencia, lo que todos buscamos al terminar la universidad. Pero siempre sentía que algo faltaba. Ese algo solo lo descubrí al otro lado del mundo luego de mucho buscar: la pasión.

Las ganas de trabajar y sentirme pleno al hacerlo, solo las tengo cuando hago algo que realmente me apasiona, como enseñar o emprender. Diseñar una nueva herramienta tecnológica o resolver problemas para hacerles la vida más fácil a los demás como cuando fundamos Smart Soil y desarrollamos sensores para suelo y así aumentar la productividad de las plantaciones. Nunca encontré esa pasión en mis trabajos anteriores. Probablemente porque en todas mis experiencias laborales previas me sentía un robot más cumpliendo una obligación: Ganar dinero para vivir, vivir para trabajar, trabajar para ganar dinero, secuenciado en un bucle infinito.

Desde hace algunos años, varios autores han tratado de abordar un tema en específico: ¿qué motiva a los millenials? Pues es simple. Nos quedamos ahí donde encontramos la pasión que buscamos. Cuando la pasión desaparece, también desaparecen nuestras ganas de quedarnos. En parte, podríamos definirlo como el amor líquido del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, en el cual las relaciones fuertes son un peligro para los valores de autonomía personal. En este caso, casarme con una empresa significa apeligrar los sueños que tengo profesionalmente… Aunque no sepa bien qué rayos quiero en esta vida. Ahora bien, es difícil congeniar la parte económica con hacer lo que nos apasiona; por eso vemos a muchos profesionales jóvenes saltar de un trabajo a otro sin que necesariamente tengan un estímulo económico mayor (siempre y cuando tengan esa posibilidad).

Sin embargo, hay veces en que esa pasión no desaparece. Y es cuando tenemos un objetivo definido. Sí, hay días que uno no quiere levantarse de la cama; sí, hay días en que uno se dice “¿para esto renuncié?” y lloras porque ya sacrificaste todos tus ahorros y tus créditos se agotan y no sabes si vas a comer mañana. Y sin embargo seguís. Seguís porque tenés la seguridad de que debe mejorar. Y no, no estoy hablando de la esperanza, estoy hablando de fe. Creer ciegamente en que todo va a salir bien a pesar de los contratiempos.

Cuando el herrero hace de su pasión su profesión, aunque le falte hierro, no hay cuchillos de palo en su casa.

 

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