Por Claudio Valerio (Ingeniero, escritor e investigador gastronómico de Argentina)
América, en su totalidad, es un enredo cultural e histórico que, a su vez, se encuentra encuadrado por una diversa y rica geografía de países fraternizados y con una cultura histórica en común.
La culinaria, con sus comidas tradicionales dicen mucho de la cultura de un país, al punto que están aquellos que estudian la identidad cultural del país a través de la comida, porque no solo se trata de saber qué tipo de comida se consume, sino que cómo y dónde se come.
La idea de comida se encuentra ligada a los pueblos y sus tradiciones, porque la alimentación es una marca social que compromete e implica a la política, la historia y la economía de los países.
La culinaria, con su arte, nos permite disponer de una muestra de la cultura de los pueblos con sus características y erudición. Gracias a ella podemos poner de manifiesto, algunas de las peculiaridades y aspectos distintivos en lo que respecta al desarrollo de la vida de las personas.
Los latinoamericanos han desplegado ante sí un amplio abanico cultural, con sus expresiones y el conocimiento de sus tradiciones.
En esta oportunidad nos referiremos a El Salvador, un país donde podemos encontrar en los bosques, montañas y volcanes una gran variedad de productos comestibles que se consumen en nuestro día a día.
Pues bien, directamente desde el corazón de El Salvador, el chef y parrillero Daniel Alfredo Sánchez Leiva, de 31 años, y salvadoreño de primeras, nos contará acerca de algunas plantas características, como también de una comida de América Central.
Fernaldia pandurata, comúnmente llamada loroco, es una especie botánica de planta cuya flor es comestible y aromática. Originaria de América Central y parte de México, la flor de loroco es uno de los principales condimentos de la cocina salvadoreña, siendo utilizado para condimentar sopas, pizzas, preparar salsas para carnes, y además es un ingrediente de las tradicionales pupusas salvadoreñas.